Ya el domingo llegamos El Niñu y yo a Zamora con la intención de ver al Maestro Eliseo. Intento fallido. En todos los festivales de folk se suelen poner primero a los grupos más tradicionales y para acabar a los más folkis e incluso a los más folk-rockeros. Pues en Zamora es al revés pues lo que más triunfa entre el público es la música tradicional de tamborileros, gaiteros y dulzaineros. Decidieron hacerlo así después de que en una de las ediciones se quedaran veinte personas a ver a Flook. Sí que nos confiamos y llegamos justo cuando acababa de bajarse Eliseo del escenario. ¡Qué decepción!
Ahora viene el detallazo de la organización: al ver la cara de memos que se nos quedó a los dos vallarnos nos invitaron a cenar con Eliseo, su banda y los danzantes de Muelas del Pan. Os queremos.
Después, guiados por nuestro amigo y posadero Roberto de los "Wild Rovers" o Robertos Salvajes nos fuimos a dar un garbeo por las fiestas de Zamora. Mu rebién.
Al día siguiente llegaron Chuchi y Carlos y a tocar. Un público muy agradecido y un ambiente muy chulo. Lo mejor del concierto la colaboración de dos grandes músicos y mejores personas: Alberto Jambrina y Pablo Madrid. Se hicieron con nosotros el "Corrido del Tío Cerillas" que llevaban muy preparado. Alberto venía con unas cuantas voces preparadas y todo. Ver que dos musicazos así participan de nuestra música y demuestran tanto interés llega directo al alma. ¡Muchas gracias!
Ahí va un enlace al vídeo de Vallarna con Jambrina y Madrid:

Tras el concierto cena rica, rica con la organización y amigos y corriendo al Tribal, que tenímos sesión acordada junto a nuestros queridos Wild Rovers y llegábamos tardísimo. Siempre es un placer ir al tribal a tocar. Es un ambiente especial y un público diferente. Nos trataron de fábula y lo pasamos genial. ¡Ya somos tribalistas!





Luego llegó el turno de Wild Rovers, buenos amigos y músicos que dan caña a la música irlandesa. El Niñu se les arrimó en un par de temas y, tan lanzados iban, que tuvimos que darles un toque para que se bajaran del escenario como buenos herederos de la tradición irlandesa. ¡Menos mal que no tenían unas pintas de cerveza a mano!
Y, por fin, Vallarna en formato trío. ¡Cuánto te echamos de menos, Carlismo!


Final de concierto con Pancho a la gaita inglesa (¡¿qué no tocará el mozo?!) y Pablo al cajón.
Después de los conciertos nos dieron un obsequio a todos los participantes y nos invitaron a cenar y a beber buen vino y sidra y la liamos parda con la pandereta.